Ready Player One, la “fantasía” distópica de todo geek

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Desde muy pequeño siempre he sido un lector bastante avanzado. Durante mi infancia he devorado libros como el que come pipas en un estadio viendo jugar a su equipo, hasta el punto de que, con siete años de edad, tuve que pedir un permiso especial en el colegio porque la bibliotecaria no quería dejar que me llevara El señor de los anillos. Según ella no era un libro apropiado para mi edad. Menos mal que “Doña Sole” (mi maestra de entonces) intercedió por mí y pude disfrutar de semejante maravilla.

Los años han pasado y la tecnología parece haberse interpuesto entre la lectura y yo. Desde hace tiempo es una afición que para mi ha quedado en segundo plano, ensombrecida por la música, el cine, los videojuegos y -sobre todo- la red de redes, que se ha convertido en mi particular biblioteca donde encontrar lecturas sobre los temas que más me interesan. Salvo algún caso puntual (sigo devorando biografías) me he convertido en poco más que un analfabeto literario. Y es que la novela (otrora mi género preferido) ya no me atraía como antes. Lo tenía asumido y todo estaba bien, hasta que llegó Ernest Cline y volví a engullir una novela de un plumazo.

Ready Player One probablemente no va a convertirse en una obra maestra de la literatura. No ha revolucionado la forma en que se cuenta una historia ni ha creado un género literario nuevo. Es más, si me apurais hay ciertos momentos en los que el ritmo decae peligrosamente por la minuciosidad de las explicaciones y descripciones. Pero desde ya os puedo decir que si os gustan los videojuegos y vivisteis la época de finales de los setenta / principios de los ochenta os enganchará sin remedio.

La historia que se nos narra nos presenta un futuro distópico en el que el mundo se ha ido literalmente a la mierda. El egoísmo de unos cuantos y las luchas de poder han dejado un planeta tierra semidestruido, con más de la mitad de la población por debajo del umbral de la pobreza. La única esperanza de esta gente para escapar de sus tristes vidas parece ser un juego de ordenador.

Oasis, que vendría a ser una evolución de los MMORPG hasta el punto de la realidad virtual con la que siempre soñamos, es mucho más que un videojuego o una red social. Se ha convertido en una nueva forma de vida en la que sus usuarios pueden estudiar, hacer negocios o viajar por planetas desconocidos, usando para ello la moneda oficial del simulador (créditos) , que ha alcanzado mayor valor que el dinero real. Todo ello gracias a la creatividad de James Halliday, un visionario que supo crear una realidad paralela -de acceso completamente gratuito- donde todos los pueblos del mundo pudieran confluir.

Tras la muerte de Halliday, este decide -video mediante- dejar su enorme fortuna y el control de su empresa (y por ende de su universo virtual) al ganador de un interesante juego, en el cual cualquier usuario puede participar. Dicho juego consiste en encontrar tres llaves y abrir tres puertas en el vasto Oasis, para lo cual es necesario tener amplísimos conocimientos sobre videojuegos, música y cine de los años setenta y ochenta. Por suerte para los “cazadores” (o “gunters”)  todo lo referente a cultura pop de esa época (videojuegos, series de tv, música, películas, libros) está libre y disponible para ser revisado y estudiado por cualquier usuario de Oasis. Desgraciadamente, la intrincada mente de Halliday crea una prueba de dificultad tan extrema que ningún usuario tiene la más remota idea de por dónde empezar.

Justo cuando han pasado cinco largos años sin noticias de la competición, nuestro protagonista Wade “Parzival” Watts (un joven de familia desestructurada y limitados recursos económicos) halla una pista que le conduce directamente a la primera llave del concurso. Esto le convertirá en el objetivo a batir del resto de “gunters” y (sobre todo) de la super organización IOI, cuyo objetivo es conseguir el premio para privatizar Oasis y que todo usuario que se conecte tenga que pagar una tarifa mensual. La eterna lucha de la clase obrera contra los poderosos que se verá aderezada por alianzas, traiciones, amor y -como no podía ser de otra manera- por innumerables referencias a los años ochenta.

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 Y es que si hay una característica que podríamos destacar de este Ready Player One es sin duda la miríada de guiños a la cultura pop de los años setenta y ochenta que van surgiendo a medida que se desarrolla la historia (el propio concurso en sí es un claro homenaje a la serie Swordquest de Atari y su incompleta aventura).  A lo largo de la novela oiréis hablar de juegos tan conocidos como Zork, Joust o Pac-man, series de TV legendarias como Los problemas crecen o Luz de luna y música de grupos tan representativos como Duran Duran, Wham! o Blondie. Lo mejor es que dichas referencias no aparecen sólo de modo efectista para ganarse al lector, sino que forman parte de la historia, son necesarias para describir el ambiente, la competición o para hacernos sentir parte de la misma. Y puedo garantizar que lo consigue plenamente, consiguiendo una gran empatía con el lector desde las primeras páginas. Además, es un libro de muy fácil lectura y extremadamente ameno, por lo que hasta los más perezosos quedarán atrapados irremediablemente para conocer el desenlace de la “caza del huevo

Poco más os puedo contar de esta maravilla sin destripar su argumento, así que me limitaré a recomendarla encarecidamente antes de que Warner Bros. haga la película correspondiente de esta joya literaria geek y se os quiten las ganas de leerla.  Porque como todos sabéis, (casi) ninguna película hace completamente justicia al libro en que se basa, y este caso va a ser especialmente doloroso. La obra de Cline tiene la facultad de transportarnos a un nuevo mundo que sin embargo ya conocemos, a una realidad en la que ya hemos estado y en la que, sin embargo, no nos importaría quedarnos unos cuantos años más. Un golpe al mentón de pura nostalgia.

Yo de vosotros me reservaba una tarde entera, me preparaba un buen pack de latas de coca-cola, snacks y tendría a mano YouTube y Spotify para devolver de la forma más directa posible a vuestra memoria todos los recuerdos que este excelente libro os va a devolver a medida que lo vayáis leyendo. Seguramente sea la mejor manera de vivir una verdadera experiencia retro que nos puede ofrecer la literatura geek en la actualidad. Y si a eso le sumamos una novela divertida y dinámica poco más se puede pedir. ¡Corred a por ella!

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