Mikie (ZX Spectrum), la brillantina llega al gomas

Mikie

De las mecánicas lúdicas más simples han llegado los éxitos más reconocidos de la industria, como bien han demostrado clásicos como Pacman, Space invaders, Donkey kong o Tetris. Pero dentro de ese grupo de videojuegos que enarbolan la bandera de la simplicidad hay unos cuantos que han quedado relegados injustamente al ostracismo. El protagonista de hoy es uno de esos videojuegos que se perdió en una época convulsa en la que -probablemente- se buscaban sensaciones diferentes y más sofisticadas, lo que no es óbice para que reciba su merecido homenaje en esta página.

Mikie (1984, Konami) fue un arcade que no gozó de un éxito excesivamente elevado, siendo precisamente en sus distintas adaptaciones a los sistemas domésticos del momento donde consiguió cierta notoriedad. Curiosamente, su placa sufrió dos modificaciones desde su lanzamiento. La primera -conocida bajo el nombre High school graffiti Mikie– sustituía la forma en que nuestro protagonista abría las cristaleras en el segundo nivel, pasando de romperlas mediante cabezazos a abrirlas con un potente grito (dicha modificación también fue llevada a cabo en las versiones domésticas). Por otra parte, Shinnyuushain Tooru-kun fue la versión de Mikie que disfrutaron los jugadores japoneses, adaptada gráficamente a su cultura y con la vuelta del cabezazo como arma principal.

Como hemos comentado anteriormente, Mikie fue adaptado a las máquinas de entretenimiento más pujantes del momento con bastante buena fortuna: desde la colorida -aunque algo brusca- versión para Amstrad, pasando por la brillantísima adaptación para Commodore 64 o el muy meritorio cartucho para la SG-1000 de Sega, todas reprodujeron de forma notable al original en que se basaban. En este artículo nos vamos a centrar en la versión para Spectrum, ya que a título personal es la que más me gusta de todas por una serie de motivos que veremos más adelante.

Pero, ¿Cual es nuestro objetivo en Mikie? Esta obra -ambientada en los años cincuenta- nos pone en la piel de un primo lejano de Danny Zuko que se aburre en clase mientras piensa en su coche y en su amada Mandy. De pronto, por debajo de la mesa recibe una nota de una amiga de su chica, la cual le informa que Mandy le está esperando en el patio del colegio “para hablar”. Esto no sería un problema de no ser porque Mikie tiene que escapar de la clase del durísimo Señor Smith y recorrer todo el colegio para llegar al patio. Además, la retórica no es una de sus virtudes, por lo que a lo largo de su camino deberá recoger una serie de corazones que le proporcionarán los versos necesarios para que su media naranja caiga rendida en sus brazos.

mikie

Nuestra aventura comienza en la clase del Señor Smith, donde tendremos que desplazar “amablemente” a nuestros compañeros de sus respectivos pupitres -literalmente a culazos- para recoger los corazones y abrir la puerta. El señor Smith nos perseguirá de forma incansable e incluso llegará a lanzarnos su dentadura, pero nuestra velocidad es superior y podremos huir sin mayor problema cuando se ilumine la puerta de salida.

pasillo

Una vez fuera de clase, nos tocará buscar el vestuario para seguir recolectando corazones, pudiendo arriesgarnos a abrir puertas en busca de un bonus secreto que también aparece en esta versión, mientras esquivamos al conserje y al Señor Smith, que ha abandonado su clase preso de la furia y no nos va a dar ni un respiro. Esta fase intermedia se repetirá cada vez que abandonemos una de las estancias principales, y a pesar de su aparente sencillez no es moco de pavo.

vestuario

Ya en el vestuario, tenemos que emplear nuestro grito para poder sacar los diferentes corazones de las taquillas, a la vez que evitamos encontrarnos de frente con el conserje, el Señor Smith y el profesor de gimnasia. Una novedad de esta habitación es que, localizadas junto a algunas taquillas, tenemos unas cajas con tres balones de baloncesto cada una. Si nos acercamos, cogemos un balón y se lo lanzamos a uno de los distintos enemigos, conseguiremos inmovilizarle y ganar unos preciosos segundos para huir.

cafe

Tras la susodicha huida por el pasillo, llegamos a la cafetería, donde los cocineros tratarán de hacernos la vida imposible mientras continuamos recogiendo corazones. En ciertas mesas tenemos a nuestra disposición unos cubos con pollo, de forma que si lanzamos un trozo de pollo a un chef conseguiremos que se quede tranquilito y deje de molestarnos.

dance

En la penúltima estancia del juego tendremos que recoger corazones mientras esquivamos a las chicas que bailan, al profesor de baile y, como no, al Señor Smith, que parece no tener otra cosa mejor que hacer en toda la mañana. Resulta relativamente sencilla para ser una de las partes finales.

fin

Para acabar nuestra aventura, en el patio nos enfrentaremos a unos barrenderos muy pesados que intentan evitar que completemos nuestra oda para Mandy. Con tranquilidad y aprendiendo los patrones de movimiento de estos friegasuelos nada podrá separarnos de conquistar a Mandy de una vez por todas.  Como curiosidad, en la versión recreativa esta última pantalla sustituye los enemigos por unos fornidos jugadores de fútbol americano, mientras que Mandy está vestida de animadora y se dedica a animarnos con unos pompones.

La adaptación que los chicos de Imagine realizaron para ZX Spectrum es más que meritoria, manteniendo en gran medida el colorido del original, la relación de aspecto de la pantalla (algo de lo que pecan otras versiones) y, sobre todo, la velocidad y dinamismo de su homónimo arcade. De los temas musicales que sonaban en el original -“A hard day´s night y Twist and shout“, licenciados de los mismísimos Beatles– solo se ha mantenido una versión muy buena del primero que suena en el menú de opciones, quedando relegado el apartado sonoro a unos escasos aunque simpáticos efectos sonoros a lo largo del juego.  En lo referente al control, la respuesta al teclado es inmediata, lo que consigue elevar la jugabilidad a cotas dignas de los mejores títulos del sistema.

En resumen, Mikie es un grandísimo título que os recomiendo si -como a mi- os gustan los juegos sencillos y rabiosamente adictivos. Yo lo descubrí en una cinta pirata con varios juegos que años atrás me prestó mi primo, pero fue con la cinta número 35 que regaló la revista Microhobby -donde estaba incluida esta joya- cuando por fin le pude dedicar las horas que sin duda merecía. No solo me mostró que a veces la sencillez es el mejor camino para la diversión, sino que además me descubrió a un grupo que, desde ese momento, pasó a ser uno de mis favoritos gracias a la melodía que sonaba en su menú de opciones.

Han pasado 30 años ya desde que Mikie apareció en el mercado. Posiblemente esté gordo, calvo y tenga tres hijos asalvajados con Mandy, la cual habrá perdido completamente su escultural figura y su carácter dulce y afable. Pero para todos aquellos que lo jugamos, Mikie siempre será capaz de robarnos el corazón.

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