29 años de Out run, el paraíso de los conductores

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Han pasado veintinueve años desde que Yu Suzuki nos dejara patidifusos con su interpretación de lo que para él era la conducción ideal, ayudándonos a su vez a cumplir nuestro sueño de conducir un Ferrari Testarrosa junto a una rubia de infarto, aunque solo fuera por unos minutos y frente a un espectacular mueble. Y aprovechando esta efeméride he decidido recuperar y remozar un antiguo artículo para vuestro disfrute. Un artículo que comienza en un lugar soleado, con olor a bronceador y rugido ensordecedor de motores…

Out run (1986, Sega) fue un éxito inmediato que consiguió alcanzar la categoría de mito entre los aficionados a los videojuegos. Y es que la obra de Yu Suzuki era mucho más que un simple juego de carreras. Era un arcade de conducción donde tan importante era llegar a la meta como disfrutar del maravilloso camino que teníamos por delante. Una experiencia lúdica completa.

Técnicamente era una obra adelantada a su tiempo, ofreciéndonos  una sensación de velocidad y unas situaciones de pilotaje nunca vistas anteriormente gracias al excelente uso de la técnica super scaling, que pudimos disfrutar anteriormente en el también incombustible Space Harrier. La posibilidad de elegir camino y un impresionante banda sonora pusieron la guinda a un título perfecto, un juegazo que durante muchos años se mantuvo como el estandarte de un género.

Como todo videojuego de éxito que se precie, muchas fueron las conversiones domésticas que se realizaron de este juego, quedando todas ellas a una distancia sideral de la obra original. No fue hasta bien entrado 1996 -diez años después de su lanzamiento oficial- cuando pudimos disfrutar de una adaptación pixel-perfect de tan magnánimo título en las poderosas entrañas de la malograda Sega Saturn, lo que nos da una idea de la potencia del hardware en que se basó Sega para realizar esta oda al sueño adolescente de los ochenta.

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Pero la aventura de Yu Suzuki con el género de la conducción no terminó en este exitoso capítulo, ya que el público, extasiado, exigía una continuación a semejante maravilla para los sentidos.

Tras un tiempo de descanso, Yu Suzuki y su equipo AM2 se pusieron manos a la obra para crear la continuación de Out Run. Fue en 1989 cuando todos pudimos disfrutar de Turbo Out Run, un juego que más que una segunda parte propiamente dicha podría considerarse como un spin-off de la saga.

Y es que todo era diferente en esta nueva versión. Con un aire más serio, competitivo y menos festivo, el Ferrari Testarrosa clásico dejó paso al F40, y aunque el juego se movía verdaderamente bien parecía como si hubiese sido completamente despojado de la magia que ofrecía el original. Ni era tan jugable, ni era tan bonito, ni tenía esa dosis de sorprendente epicidad que nos ofreció la primera entrega. No era un mal juego -es más, se considera un título notable- pero ni por asomo fue lo que la gente esperaba.

De cualquier forma no todo fué negativo en esta continuación. La mejora en los escenarios y en la sensación de velocidad era evidente. Además,  la implementación de un botón de turbo añadió nuevas posibilidades al concepto inicial. Pero la eliminación de las diferentes rutas a elegir  (el juego seguía un camino prefijado), la bajada de nivel en la banda sonora y esa ausencia del savoir-faire que rezumaba la primera parte le impidieron triunfar a la misma escala que su antecesor. Por si esto fuera poco, las conversiones domésticas no fueron demasiado buenas, salvando quizás la muy correcta adaptación para Commodore 64.

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Ese mismo año, Sega sorprendió a los poseedores de una Master System con dos movimientos en cierto modo incomprensibles. En lugar de versionar el reciente Turbo Out run para dicho sistema, los reyes de las recreativas decidieron lanzar en su consola de 8 bits dos títulos que olían desde lejos a productos desechados y rescatados de forma totalmente oportunista. Así, en este año tan convulso para la franquicia surgieron otro par de títulos que agrandaron la familia, cada uno a su manera pero con una pobre repercusión común: Battle out run Out run 3D.

Battle out run no era ni mucho menos un mal juego, al menos en su apartado artístico. Aunque los escenarios resultaban un poco vacíos, la sensación de velocidad estaba muy conseguida y los controles respondían muy bien.

El problema residía en que este clon mal disimulado del gran Chase H.Q resultaba monótono y demasiado plano, consiguiendo aburrir hasta al jugón más optimista en un par de partidas. Ni siquiera las opciones para mejorar nuestro coche levantaban algo la diversión en un título que seguramente no tenía nada que ver con esta legendaria saga en sus orígenes.

Por su parte, Out run 3D se lanzó con la intención de acompañar a las Sega 3D glasses, periférico que nos permitía disfrutar en nuestras Master System I de un pseudo-efecto en tres dimensiones muy conseguido. Aunque se lanzó a un precio reducido y con un buen catálogo inicial de juegos compatibles, Sega lo abandonó al poco tiempo para centrarse en el desarrollo de Mega Drive.

El título suele estar entre los mejor considerados del periférico, ya que su efecto tridimensional resultaba bastante convincente. Técnicamente presentaba ciertas mejoras con respecto al Out run original que apareció tiempo atrás en Master System, pero no dejaba de ser el mismo juego levemente retocado con el fin de ser vendido como un cartucho específico para las gafas 3D. Una reutilización ciertamente ventajista de un buen juego para obtener beneficios rápidos y seguros que, debido a la poca fama del periférico, quedó rápidamente en el ostracismo más absoluto.

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Solo un año después y con Sega fuera de cualquier relación con este proyecto -más allá de prestar la licencia-,  USGold arrastró por el fango el nombre de tan magna franquicia con el insípido Out run Europa, un título de realización europea con la única intención de estrangular la gallina de los huevos de oro.

Probe fue la encargada de realizar un videojuego mediocre que nos ponía en la piel de un espía huyendo de la policía a lo largo de toda Europa, empleando para ello varios vehículos diferentes. Su nula sensación de velocidad, atroces gráficos y soporífero desarrollo no fueron suficientes para evitar que el juego se vendiera bien, tanto en las distintas conversiones a los microordenadores de la época como en su versión de Master System. Cualquier parecido con el Out run original radica en la tipografía empleada en la portada.

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Tres años después del -en parte- fallido lanzamiento de Turbo out run y de estos experimentos en Master SystemSega decide que es el momento de resucitar la magia del Out run clásico con un juego adaptado a los nuevos tiempos. Para ello, el equipo de desarrollo AM1 puso toda la carne en el asador con un título que, esta vez sí, estuvo a la altura de las expectativas.

Outrunners (1992) mostraba unos escenarios y sprites coloristas, recuperando la alegría y el aire desenfadado que la saga jamás debió abandonar.  Por primera vez en la franquicia se nos permitía elegir entre ocho coches diferentes y se volvió a ofrecer al jugador la posibilidad de elegir su camino hacia la gloria. La sensación de velocidad estaba extremadamente bien conseguida y mediante conexión directa se podían jugar hasta ocho jugadores simultaneamente, lo que la llevó a convertirse en una de las recreativas más populares de la época.

La única adaptación doméstica de esta maravilla fue perpetrada por los chicos de Data East para Mega drive. Y es que, si bien la empresa era harto difícil por las tremendas diferencias de hardware, la versión para la consola mayor de Sega era de una mediocridad absoluta, siendo una simple parodia de la magnificencia que ofrecía la placa original. Aun así, si no habías visto el original esta adaptación podía resultar incluso entretenida.

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Ya en el año 1993, la saga Out run volvió a la palestra con un título desarrollado por Sims para Mega Drive, que originalmente nada tenía que ver con la legendaria serie.

Out run 2019 fue vapuleado totalmente por la crítica e ignorado por los seguidores de la franquicia de manera injusta. Una auténtica pena, porque debajo de un apartado artístico muy gris -los diseños de sprites y escenarios son bastante oscuros y deslucidos- podemos hallar un juego bastante bien realizado, con un movimiento rápido y una velocidad considerable que además incluía ciertos guiños hacia el original muy interesantes.

Su mayor pecado fue carecer de un diseñador artístico que diera un toque aparente y variado al juego y, sobre todo, aprovechar el nombre de una serie de juegos legendaria para vender.  No es ni mucho menos el horrible título que algunos críticos se empeñan en ver. Simplemente es un buen videojuego que fue publicado con una campaña de marketing totalmente equivocada.

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Tras una generación de consolas en la que nada nuevo se supo del Ferrari rojo -únicamente apareció como parte de un famoso recopilatorio, en el año 2003– Sega decide volver a sacar una de sus franquicias estrella al ruedo. Y una vez más, consigue llevarla a lo más alto.

Out Run 2 era un verdadero homenaje al clásico del 86, pero aumentado al máximo y con una calidad gráfica adaptada a la nueva generación que por aquel entonces comenzaba. En este caso se nos volvían a ofrecer una gran variedad de caminos por recorrer, que fueron debidamente ampliados en sucesivas revisiones del juego (Out Run 2 SP, Out Run 2006 Coast to Coast, Out Run Online Arcade) y una banda sonora que mezclaba temas clásicos reversionados con nuevas melodías de una calidad tremenda.

Pero sin duda lo que encumbró a esta segunda parte oficial de la saga fue su rabiosa jugabilidad, que heredaba las mejores virtudes del original añadiendo la espectacularidad de los derrapes y la posibilidad de conducir diversos coches cada uno con sus propias características. Por supuesto, la preciosa rubia no faltó a la cita, demostrando –eso sí- que no era tan fiel como nosotros creíamos

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Un año más tarde (2004) Sega decide lanzar una linea de remakes basados en juegos clásicos de la marca. Por supuesto, Out Run no podía faltar a la cita, aunque al igual que la mayoría de juegos de esta serie –Sega Ages 2500– mas hubiera valido que dejaran los recuerdos escondidos en la mente de los que pudimos disfrutar de estos juegos en su momento.

Y es que el remake del clásico Out Run fue desastroso y denotaba cierta desgana en su realización. La lista de defectos era bastante grande: el pésimo diseño de nuestro coche -o bañera, no tengo muy claro que era-, los deficientes FX que acompañaban la acción y la extrañísima perspectiva empleada destrozaron una adaptación sobre el papel muy sencilla. Solo hay que compararlo con Out Run 2 para darse cuenta de que hacer las cosas bien no era tan dificil. Lo peor de todo es que para colmo resultaba aburrido y prácticamente injugable por el problema de perspectiva citado y por la brusca respuesta a los controles. Un despropósito que deberíais evitar a toda costa.

Para concluir este pequeño repaso a los diferentes títulos de tan magnánima saga me voy a permitir el lujo de haceros dos recomendaciones: La versión japonesa de Out Run para Sega Saturn (con la posibilidad de usar un maravilloso modo smooth) y la adaptación que recientemente ha realizado Sega para 3DS, con un efecto tridimensional digno de ser jugado.

Sin más que añadir os dejo, que tengo tarea. Mi chica me espera para surcar una vez más la orilla de Coconut beach mientras suena de fondo Splash wave. Ante semejante perspectiva…¿De verdad es necesario correr tanto para ser el primero? ¿No merece más la pena disfrutar del camino?

 

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