Party Hard: imitando a nuestro psychokiller favorito

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Fiesta de Graduación en la Kill´em Independent School. Mucho alcohol, drogas, música y diversión en el día en que los graduados se despiden de su adolescencia para acudir a la universidad y labrarse un futuro. El panorama sin embargo es cualquier cosa menos solemne: algunos vomitan en un rincón los excesos de la fiesta. Otros duermen la borrachera plácidamente en los sofás del hall sin importarles el machacante intento de melodía que unos cuantos bailan con movimientos espasmódicos propios de la ingesta de MDMA-en el centro de la pista. Algunas parejas se dedican a buscar un sitio donde copular y pasar a la cuarta base.  Una verdadera bacanal en el centro de estudios donde no hay normas ni limites.

Sin embargo, alguien va a poner orden de forma drástica. De su rostro -oculto bajo una sucia máscara de hockey- solo se perciben dos ojos negros llenos de odio puro. Un afilado cuchillo será la herramienta principal con la que acabará con tanta indecencia. A decir verdad poco le importan los excesos, la pérdida de valores en la juventud o el abuso de drogas. Su motivación es mucho más mundana: solo quiere poder dormir de una puñetera vez.

He de confesar que Party hard (Pinokl games, 2015) ha supuesto un sueño hecho realidad en mi vida como jugador. Aficionado como soy a los slashers que arrasaron durante los años ochenta, con Viernes 13 y Halloween como piedras angulares del género, la propuesta de este modesto estudio no podía resultarme más atractiva:  controlar por una vez al malo de la película, al asesino implacable que acaba brutalmente con sus inocentes víctimas. Tranquilos, no soy un psicópata ni estoy mucho peor de la cabeza de lo que la mayoría lo estáis. Simplemente me gusta romper la barrera de lo políticamente correcto, y si encima se hace con un ácido sentido del humor, mejor que mejor.

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Controlando a nuestro clon con insomnio de Jason Voorhees, nuestra misión consistirá en acabar de la forma más salvaje y cruel con todos los invitados a las diferentes fiestas en las que nos presentamos. Para ello, como hemos dicho contamos con un afilado cuchillo, pero también podemos emplear las más diversas trampas para provocar muertes extremadamente gore o sencillamente ridículas: caballos que cocean a los asistentes, cepos que destrozan el cuerpo del incauto que los pisa, altavoces que -misteriosamente- explotan o coches cuyo freno de mano falla y arrasa con todo aquel que se cruza por su camino. Además de las trampas, durante cada nivel podemos conseguir jugosos extras para facilitar nuestra tarea, como pueden ser katanas, bombas somníferas, bombas de gas o ropa nueva para camuflarnos entre el resto de la gente cuando la policía venga a por nosotros.

Y es que, como resulta evidente, no podemos entrar machete en mano y matar a discreción a todo lo que se nos cruza por delante (ni siquiera los protagonistas de los slashers clásicos lo hacían así). Tendremos que utilizar el sigilo y las mencionadas trampas para matar sin ser descubiertos, ya que de lo contrario la policía vendría a darnos caza para acabar con nuestra oda al desmembramiento. Podemos huir de la autoridad en algunos niveles, pero a medida que avanza el juego cada vez es más difícil hacerlo, ya que no solo tendremos que lidiar con el cuerpo de la ley, teniendo que prestar mucha atención también a agresivos guardas de seguridad, guardaespaldas e incluso a los SWAT, que arrasarán todo lo que encuentren a su paso. Por ello, aprender a moverse como una sombra es fundamental para tener éxito, casi tanto como esconder los cadáveres en los distintos sitios dispuestos para ello. Si los invitados no ven cadáveres estarán más distraídos y será más sencillo cumplir nuestro cometido.

Otro detalle interesante a mencionar es la enorme cantidad de cameos sorprendentes que se dan cita en el juego a lo largo de los diferentes niveles, desde protagonistas de otros videojuegos, pasando por leyendas del cine y la televisión. Su función varía según el personaje, pero resulta un detalle simpático que ayuda a suavizar el tono oscuro del juego y su modo historia, bastante bien llevado para la modestia del título.

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El apartado técnico es una oda a los años ochenta y la magia del pixel, posiblemente en pos de suavizar el contenido violento del título y agudizar su tono humorístico. Los escenarios están llenos de detalles y la simpatía de todos los sprites es sin duda un punto a favor del juego, pero lo que realmente llama la atención es la perspectiva utilizada. Bien es cierto que tiene aspectos mejorables (hay ocasiones en que no se distinguen bien los distintos planos de altura), pero la claridad que aporta a la visión de todo lo que ocurre en la fiesta es clave para el buen funcionamiento de la mecánica lúdica.

En cuanto a las melodías, podemos decir que son absolutamente machaconas y poco inspiradas. Salvo ciertos toques sonoros brillantes en algunos momentos -que no desvelaré para no hacer spoiler– el sonido nos dará ganas de acabar rápido con todo lo que hay en la pantalla para pasar a la siguiente fase y ver si, con suerte, nuestros oídos sufren algo menos. Una pena, porque algo más de variedad y algún toque macabro procedente de las películas que usa como fuente de inspiración habría hecho mejorar mucho este apartado.

Jugablemente, Party hard es un título muy divertido, aunque no puede evitar dar la impresión de que, con algo más de variedad, podríamos estar ante un juego sobresaliente en este aspecto. Resulta divertido, fácil de jugar -con un control muy sencillo que responde de maravilla- y cada nivel puede superarse de muy diversas formas -variando además mínimamente en cada partida-.  De cualquier modo, a medida que avanzamos no podemos evitar una sensación de repetición que le hace bajar puntos en este aspecto. Los escasos desbloqueables tampoco ayudan a volver a iniciar el título una vez terminado. 

En resumen, Party Hard es un título bastante sencillo que, sin embargo, resulta divertido y nos puede proporcionar varias horas de diversión. Posiblemente le ha faltado algo más de variedad para llegar más alto, pero su escaso precio y la variedad de plataformas en las que está disponible para ser disfrutado (Windows, Linux, OSX, Android, iOS, PS4, Xbox One) hacen que sea un título altamente recomendable. Siempre que tengáis más de 15 años, mucho sentido del humor y ganas de desahogaros, claro.

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