The Ninja Warriors: Cyborgs contra la autoridad

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Durante la época comprendida entre finales de los setenta y principios de los noventa muchas fueron las modas que parecían llegar para quedarse: las hombreras, el uso de sintetizadores en la música, las películas de artes marciales, los ninjas, los cyborgs asesinos…

Partiendo de este planteamiento, no sería descabellado afirmar que Ninja Warriors (Taito, 1987) es uno de los exponentes más claros de la época, ya que hace uso de todos los elementos que por aquel entonces resultaban atractivos para el usuario en su intento por alcanzar el éxito. Desgraciadamente, aunque fue un título relativamente popular no logró situarse en una posición de privilegio por varios factores intrínsecos al propio juego, por algunas particularidades insalvables para su distribución masiva y -principalmente- por la feroz competencia a la que tuvo que enfrentarse.

Ninja Warriors nos sitúa en pleno 1993, dentro de una sociedad distópica estadounidense que sufre la opresión de un régimen totalitario militar dirigido con puño de hierro por el dictador Banglar. Un grupo de valientes científicos anarquistas todavía se resisten al yugo del autócrata, por lo que preparan un plan de ataque definitivo con el que derrocar a la corrupta autoridad. Para ello, crean dos cyborgs epecialmente entrenados en artes ninja con el fin de alcanzar la mansión del tirano y acabar con él y con sus secuaces más directos. Sus nombres en clave: Kunoichi y Ninja.

A pesar de su argumento insulso y lleno de tópicos -propio del cine de videoclub o de las obras de la Cannon–  Ninja Warriors acabó siendo un producto verdaderamente original debido a la forma en la que Taito enfocó el proyecto. La intención de la compañía nipona era proporcionar una experiencia gráfica y sonora nunca vista, algo totalmente superior a lo que el resto de competidores ofrecían.

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La primera gran particularidad de la máquina era el empleo de tres monitores para mostrar una mayor área de juego. Para evitar cortes de imagen entre un monitor y otro se empleó un sencillo sistema de espejos, de forma que los dos monitores de los laterales estaban en el interior de la máquina, siendo el reflejo de los mismos superpuesto a ambos lados de la pantalla principal, lo que creaba la ilusión óptica de que estábamos ante un único panel enorme. Este mecanismo -usado por primera vez un año antes en el debut de la saga Darius (Taito, 1986- 2015)- llamaba poderosamente la atención de los aficionados y nos ofrecía un espectáculo visual impresionante.

Otro detalle interesante fue la cuidada banda sonora del título. Zuntata –grupo de desarrollo sonoro interno de la propia Taito y creador de melodías míticas en grandes clásicos como Bubble Bobble (Taito, 1986) o la saga Darius- dió el do de pecho en esta nueva obra, sobre todo en los primeros compases de la misma. Y es que “Daddy Mulk” es una de las mejores y más reconocibles melodías de la historia de los videojuegos. Aunque el resto de temas estuvieron a un nivel notable, esta fue una de las claves del “show” que Ninja Warriors ofrecía al jugador, junto a los cuidados y realistas efectos sonoros.

Con una apariencia artística inmejorable y con la tecnología de su parte, en Taito se las prometían muy felices con este lanzamiento. Sin embargo, Ninja Warriors no llegó a alcanzar el status al que parecía pertenecer por pleno derecho. Las principales causas de que no llegara a lo más alto se deben a tres factores, como hemos dicho en los primeros compases del artículo:

  • La peculiaridad del mueble, su coste y mantenimiento. Si lo que querían es llegar a todos los rincones con su juego desde luego no eligieron el hardware adecuado. Aunque el triple monitor era espectacular, no aportaba nada nuevo y resultaba excesivamente caro para los operadores, requiriendo además mucho más mantenimiento que otras máquinas similares, lo que se tradujo en un mayor precio por partida. Su tamaño tampoco ayudó a colocarlo en cualquier salón recreativo o bar.
  • Su simpleza lúdica. Aunque todo resultaba bonito y espectacular, jugablemente teníamos un título que no ofrecía nada diferente al jugador de lo que ofrecían otros títulos contemporáneos. Su limitada gama de movimientos -que no pasaba de cubrirnos, usar los kunais y los shurikens para defendernos o hacer una voltereta para sorprender a los enemigos- y la excesiva longitud de las fases hacían que el juego cayera rápidamente en el tedio, aunque el modo para dos jugadores simultáneos era una buena alternativa para romper la monotonía.
  • La temible competencia. Shinobi (Sega, 1987), Double Dragon (Technos, 1987) , DragonNinja (Data East, 1988), Altered Beast (Sega, 1988) y un largo etcétera. Muchos fueron los rivales que compitieron con el juego de Taito durante su vida en los salones recreativos, y la gran mayoría estaban por encima de él en el apartado más importante: la jugabilidad. Ante semejantes bestias lúdicas, Ninja Warriors quedó relegado a un segundo plano.

Como era costumbre en aquel entonces -convertir cualquier título arcade con algo de reconocimiento a todo sistema doméstico viviente-,  Ninja Warriors fue adaptado tanto a los ordenadores de 8 y 16 bits como a las consolas del momento. Especialmente destacables resultaron las adaptaciones para los ordenadores de 16 bits (Atari ST y Amiga), la excelente adaptación para PC engine y, sin duda, la versión de Mega CD, posiblemente la más fiel a su homónimo recreativo y con una banda sonora mejorada fabulosa (mas algún extra bizarro perpetrado por los miembros de Zuntata al que merece la pena echar un vistazo).

No puedo cerrar este artículo sin recordar el reboot que Natsume llevó a cabo con la saga en Super Nintendo. Ninja Warriors Again (Natsume, 1994) era un título que compartía ciertos aspectos con el original, pero que mejoraba cada apartado de su hermano mayor hasta convertirse en uno de los mejores títulos aparecidos para el cerebro de la bestia. A pesar de carecer de una opción para dos jugadores, la enorme variedad de enemigos, golpes y situaciones dieron justo en el clavo con lo que la saga necesitaba. Si no lo habéis visto yo de vosotros no me lo perdería.

En definitiva, Ninja Warriors es un título muy particular, cuyo desarrollo crea opiniones contrapuestas. O lo amas o lo odias. Personalmente soy de aquellos que disfrutaron en su momento de la triple pantalla y ha quedado grabado a fuego en mi corazón gamer. Sé que no es el mejor título del mundo, pero es uno de mis favoritos. Solo por escuchar “Daddy Mulk” una vez más merece la pena conectar la máquina y repartir justicia con los pequeños kunais. Y si encima sois lo bastante hábiles como para llegar al final os llevaréis una interesante sorpresa con su desenlace…

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