Mi primer relato corto – Concurso #historiasdemiedo de Zenda

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Bueno, se que técnicamente esto no tiene nada que ver con la temática habitual del blog, pero es algo que me apetecía compartir. Llevo años pensando en escribir algo más allá del mundillo de los videojuegos, y gracias a una buena amiga que me ha animado a ello he decidido hacer un relato corto de terror para el concurso #historiasdemiedo que Zenda  realiza con motivo del Día de todos los Santos.

El resultado es este pequeño relato que os pongo a continuación y que supone mi primer texto más allá de las revistas de videojuegos. Si os apetece podéis echarle un ojo y comentar si os ha gustado o no.

EL REENCUENTRO

Laura esperaba de pie junto a aquel tétrico edificio que tanto había odiado el reencuentro con sus amigos de la infancia. Muchos han sido los años en los que cada domingo iba con sus padres a rendir culto a ese lugar, regla no escrita que todos los habitantes de la aldea respetaban. Mientras que otros niños de su edad acudían alegremente al oír el estruendo que aquella vieja campana producía, a Laura nunca le gustó ir. No era ni por los duros bancos de madera ni por las frías y oscuras paredes. Tampoco era por aquella aterradora estatua de bronce con la boca abierta, ni el hecho de tener que escuchar un sermón sobre las bondades del Señor y su importancia en la prosperidad de la aldea. Había algo en aquel sitio que hacía mella en lo más profundo de Laura, incluso ahora que habían pasado quince años desde la última vez que estuvo allí.

Tras quince minutos más de espera llegaron Ana y Mateo. Hermanos procedentes de una familia muy adinerada y religiosa, ambos vestían de forma idéntica: zapatos planos, pantalón y camisa de color negro y una larga corbata roja con nudo Windsor. Justo la misma vestimenta que solían llevar cada domingo, adornada con aquella deslumbrante sonrisa que lucían en esos días tan especiales para ellos. Los tres se fundieron en un cálido abrazo.

Laura: ¡Os he echado mucho de menos chicos!
Ana: ¡Y nosotros a ti!¡Al fin juntos!
Mateo: ¿Donde está Carlos?¿No debería haber llegado ya?
Laura: No he visto a nadie desde que estoy aquí. Este lugar está desierto.

Mateo parecía impaciente. Su sonrisa inicial se desvaneció, y en su rostro se formó una mueca de preocupación e impaciencia. Miraba de forma nerviosa en todas las direcciones y por su tez comenzó a resbalar una gota de sudor. Ana por su parte estaba radiante, como aquella última vez que se vieron

Ana: ¡Cuanto tiempo sin vernos!¿Que has estado haciendo?
Laura: La verdad es que nada especial. No sabría que decirte.¿Y vosotros?
Ana: Estudiar, como siempre. Ya sabes como se pone de pesado mi padre con el tema de los estudios.
Mateo: -Alzando la voz con desaprobación- No se pone pesado. Es importante que estudiemos sobre el pueblo y su culto. Si queremos el bienestar de nuestra gente es nuestro deber hacerlo.
Ana: Si bueno, como ves Mateo se está convirtiendo poco a poco en mi padre. No te imaginas lo pesadito que está con el tema.
Laura: ¡No seas borde Ana! Mateo siempre ha sido un gran estudiante. Todos en la aldea tenían claro el gran futuro que le esperaba.
Ana: -Con un cierto halo de tristeza-. Si, bueno, hay que seguir la tradición familiar y lo que el destino ha escrito para nosotros.
Mateo: Carlos tarda demasiado. No me puedo creer que no haya aprendido nada en estos años. Odio su impuntualidad. Espero que no nos haga perder el tiempo otra vez.
Laura: Relájate Mateo. Sabes que Carlos y la puntualidad no son amigos. Seguramente esté al caer. Bueno, ¿Qué os apetece hacer?¿Tomar algo?¿Ver una película?
Ante semejante propuesta, Ana y Mateo se quedaron atónitos mirando fijamente a Laura con una mezcla de terror y asombro en sus rostros, como si hubiera dicho algo inapropiado en un momento en el que algo importante estaba a punto de ocurrir.
Ana: Laura, sabes perfectamente por qué estamos aquí. Tenemos que entrar.
Laura: ¿Entrar?¿Ahí?¿Para qué?
Ana: Terminar lo que empezamos. Aquello para los que nuestros padres nos prepararon.
Mateo: Carlos está empezando a cabrearme. ¡No se da cuenta de que sin él estamos completamente perdidos!¡Su presencia es imprescindible!
La tensión comenzaba a palparse en el ambiente. Laura estaba completamente desconcertada y comenzaba a tener miedo. Ana y Mateo parecían tener un objetivo claro y su impaciencia se estaba convirtiendo en hostilidad. Jamás se habían comportado así, y menos con Laura. Nunca hubieron secretos entre ellos, pero entonces… ¿por qué actuaban de esa forma?
Laura: Estáis comenzando a asustarme chicos. ¡Yo no voy a entrar ahí!
Mateo: ¡Juro que si Carlos no viene en diez minutos lo destrozo!
Ana: Laura, lo sabes. Somos los elegidos. Debemos terminar lo que se inició hace quince años. El resurgir de la aldea depende de nosotros. No podemos fallar otra vez a Nuestro Señor.
Mateo: ¡Se acabó!¡Entraremos nosotros para acabar con tanto sufrimiento!¡Nuestro Señor entenderá la situación aunque el sacrificio no esté completo!¡Será misericordioso!
De pronto, Ana y Mateo agarraron con fuerza a Laura y la llevaron arrastrándola hacia la entrada principal del edificio. Ella, entre lágrimas de desesperación, trataba de resistirse como podía.
Laura: ¡No!¡Por favor!¡Otra vez no!¡No tiene por qué pasar otra vez!¡No funcionará!
Ana: ¡Calla de una vez!¡Jamás entendí como alguien tan débil como tú podía ser uno de los cuatro elegidos!
Mateo: ¡Vamos a intentarlo!¡Tenemos que recuperar el favor de Nuestro Señor para salvar a la aldea y a nuestros seres queridos!
Tras entrar los tres jóvenes, la puerta del edificio se cerró violentamente. De pronto, todo comenzó a arder sin control. De fondo, sonidos de flautas y tambores ahogaron los desgarradores gritos de los jóvenes, que sufrían un destino terrible.
 
Días más tarde, en el periódico de la localidad pudo leerse la siguiente noticia:
NUEVO INCENDIO EN LA ANTIGUA IGLESIA DE MOLAQUIA
 
En la tarde de ayer y sin motivo aparente la antigua iglesia que coronaba la antaño próspera aldea de Molaquia volvió a incendiarse, tal y como ocurrió justo hace quince años. Por fortuna no se han encontrado víctimas mortales entre los restos. Se desconocen las causas de dicho incendio y no se han encontrado restos que puedan pensar en un incendio provocado.
Un macabro y triste tributo al terrible suceso que dejó en ruinas este misterioso edificio de origen bizantino y tras el cual la pequeña aldea de Molaquia cayó en una espiral de desgracias que provocó su desaparición. Todavía permanecen en nuestra memoria los tres niños fallecidos en aquel incendio y el único superviviente, Carlos Martínez, que permanece en coma desde aquel fatídico día”.

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