Savestates, el cuchillo de los videojuegos

savestates

Desde el primer día en que probé los emuladores en mi vetusto Pentium a 133Mhz tuve claro que esos gloriosos programas tenían algo que no era de mi agrado: los savestates. En aquellos momentos veía esta utilidad como una herramienta para malos jugadores que -premitíendonos continuar en el punto exacto donde habíamos fallado- tiraba por tierra cualquier atisbo de reto que el videojuego en cuestión ofreciera, todo por el simple placer de hacer más sencillo nuestro camino. Lo que he visto a lo largo de los años no hizo más que reafirmar mi postura: gente que empleaba esta triquiñuela para “masterizar” los niveles de un juego y lograr así realizar partidas perfectas, jugadores que continuaban cada vez que perdían una vida justo en ese punto para así terminar el juego en un tiempo record. Lo siento, pero esto para mí es el equivalente en nuestro mundillo a correr la Marathon de Boston y llegar a veinte metros de la meta en taxi: una estafa en la cual los principales damnificados son los propios jugadores, que se engañan a sí mismos.

Como podéis comprobar, mi postura al respecto era tajante. De cualquier modo, si algo estoy aprendiendo a lo largo de mi vida es que nada es blanco o negro. Todo tiene su gama cromática más allá de ambos extremos, y es necesario en ocasiones salir de nuestra idea preconcebida sobre un tema determinado para poder analizarlo desde un prisma distinto y más abierto.

La verdad es que jamás imaginé que el elemento que me haría ver los savestates de otra forma sería la popularísima Nes Classic Mini. Cuando ví la posibilidad en esta máquina, yo mismo dije que esa era de las pocas cosas que jamás utilizaría. Tras una semana de uso, he de decir que los he utilizado y no me han ardido las manos ni me he desintegrado como esperaba.

Actualmente, con el ritmo de vida que llevamos donde tenemos que robar minutos al día para poder disfrutar de nuestros pequeños placeres, creo que un uso responsable de los savestates puede ser una herramienta vital para el jugador sin tiempo. Poder terminar cada día una fase de Castlevania, guardar rápidamente la puntuación máxima que acabamos de hacer en Pacman para así tenerla siempre como high score a la hora de empezar a jugar, disfrutar de aventuras largas en pequeños intervalos de tiempo para así terminar juegos a los que hace años que queríamos dedicar una buena sesión de juego. Mil posibilidades que -por supuesto- no solo ofrece la nueva máquina de Nintendo, ya que como digo los savestates llevan aquí prácticamente desde los orígenes de la emulación.

Mi conclusión al respecto es que los savestates son como un cuchillo muy afilado: puedes usarlo para cortar el entrecot más jugoso o para apuñalar y descuartizar a alguien. El uso del mismo depende de la persona. Los savestates nos ofrecen la posibilidad de retomar partidas como y cuando queramos sin restricciones temporales. En nuestra mano está saber utilizarlos correctamente para no cargarnos la experiencia lúdica y evitar convertirnos en jugadores fraude, aquellos que repiten cada punto hasta que -en lugar de jugar- ejecutan coreografías.

Personalmente prefiero usar el cuchillo para cortar un maravilloso entrecot, ¿y vosotros?

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